Crear la crisis, atribuirse la cura
Enero 16, 2026
Donald Trump inventó un cartel de drogas para justificar el secuestro del presidente de Venezuela, con el fin de que las empresas petroleras estadounidenses pudieran regresar al país. La ironía es que sus propias sanciones fueron una de las razones por las que estas empresas se vieron obligadas a salir.
“Nos fuimos debido a las sanciones en 2019”, dijo el director ejecutivo de Halliburton, Jeff Miller, a Trump en una reunión con ejecutivos petroleros en la Casa Blanca el viernes de la semana pasada. “Nuestra intención era quedarnos, pero cuando se implementaron las sanciones, se nos exigió retirarnos”.
Trump comenzó a imponer nuevas sanciones a Venezuela en 2017 y las endureció en 2019, lo cual provocó una disminución del consumo calórico promedio de los venezolanos, un aumento de las tasas de enfermedad y muerte, y el desplazamiento de millones de personas debido al deterioro de las condiciones económicas, según un estudio del Center for Economic and Policy Research.
Cuba estaba siendo presionada al mismo tiempo. Las sanciones expulsaron a las empresas estadounidenses, destruyeron la economía, empobrecieron a la población y empujaron a más de un millón de cubanos a emigrar hacia Estados Unidos. Ahora, Trump afirma que Cuba está al borde del colapso, pero sus propias políticas han creado la crisis que se utiliza para justificar los llamados de Washington a un cambio de régimen.
“Tengo un futuro aquí”… luego ganó Trump
A pesar del historial de acrimonia entre ambos países, Cuba ha demostrado durante mucho tiempo su deseo de normalizar las relaciones. Hace poco más de una década, en diciembre de 2014, ambos países comenzaron a hacerlo después de que Barack Obama y Raúl Castro alcanzaran un histórico acercamiento. Los países restablecieron relaciones diplomáticas, y Obama se convirtió en el primer presidente estadounidense en funciones en visitar Cuba desde 1928.
El acuerdo atrajo a empresas y visitantes estadounidenses a la isla, impulsando la economía y dando a muchos cubanos esperanza de un futuro mejor.
“Casi no tenía tiempo para descansar”, dijo el taxista habanero Óscar Álvarez a Belly of the Beast. “Recogíamos pasajeros en la terminal de cruceros y no parábamos en todo el día”.
“La Habana estaba abarrotada: celebridades, músicos, políticos — todo el mundo. Desfile de Chanel, rodaje de Fast and Furious, concierto de los Rolling Stones”, contó la diseñadora cubana Idania del Río a la periodista Liz Oliva Fernández en la serie documental The War on Cuba. “El ambiente era de ‘todo es posible’, esa sensación de cambio y, finalmente, darme cuenta: ‘Tengo un futuro aquí. Puedo quedarme aquí. No tengo que irme de mi país’. Pero entonces Trump ganó las elecciones”.
Desde 2017, Cuba ha estado sometida a una avalancha de sanciones de “máxima presión” impuestas por Trump y en gran medida mantenidas por Joe Biden. Algunas de estas medidas, como la prohibición estadounidense de los cruceros en 2019, golpearon duramente la economía cubana y al incipiente sector privado.
“Realmente se notó la diferencia cuando se detuvieron los cruceros estadounidenses”, dijo Álvarez. “Dejaron un gran vacío, y no solo para nosotros. Daban vida a toda la ciudad”.
Ahora, tras expulsar a las empresas estadounidenses de Cuba de la misma manera que lo hizo con Venezuela —y bloquear todos los envíos de petróleo venezolano a la isla— Trump ha advertido que Cuba está a punto de colapsar y que será mejor que haga un trato “ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE”.
“Estamos hablando con Cuba, y lo sabrán muy pronto”, dijo a los periodistas el domingo a bordo del Air Force One. El lunes, Cuba negó que existieran negociaciones en curso.
¿Cómo sería un acuerdo de Trump con Cuba?
No está claro si el objetivo final de Trump en Cuba es un cambio político total —la tradicional postura de Washington de “tómalo o déjalo”— o la firma de un acuerdo que abra la isla a las empresas estadounidenses manteniendo intacto el sistema político.
Marco Rubio y otros sectores de línea dura no han sido discretos respecto a sus aspiraciones para Cuba. El representante Carlos Giménez (R-FL) publicó la semana pasada en X un mapa que mostraba logotipos de empresas estadounidenses repartidos por toda la isla, acompañado del texto: “POV: Cuba pronto”.
Escribió: “Cuando ocurra lo inevitable en #Cuba y la dictadura narcoterrorista ya no exista, no habrá una sola empresa que no quiera invertir en la impresionante y hermosa isla de mi nacimiento”.
Verificación de hechos: lejos de ser una “dictadura narcoterrorista”, Cuba es, según numerosos análisis, el socio de seguridad más confiable del gobierno de Estados Unidos en el Caribe. Vea el reporte de Liz Oliva Fernández sobre los esfuerzos antinarcóticos de Cuba.
Mientras que los sectores cubanoamericanos más radicales han anhelado durante mucho tiempo la perspectiva de que Estados Unidos recolonice Cuba, en el pasado Trump pareció interesado en invertir en la isla sin un cambio de régimen. En 2008, la marca Trump fue registrada en la Oficina Cubana de la Propiedad Industrial para hoteles, casinos, certámenes de belleza, programas de televisión y campos de golf. Asimismo, ejecutivos de la Organización Trump han visitado Cuba en distintas ocasiones, fumando puros, jugando golf y explorando oportunidades de negocio.
“Trump no tiene una oposición de principios al socialismo cubano”, afirmó William LeoGrande, profesor de gobierno en la American University. “Estaba dispuesto a ir y trabajar con el gobierno socialista de Cuba para construir un hotel y un casino”.
Trump respaldó el acercamiento de Obama en marzo de 2016. “Después de 50 años, es tiempo suficiente, amigos”, dijo durante un debate de las primarias republicanas en el que se enfrentó a Rubio, entonces senador.
Sin embargo, tras ganar la primaria presidencial, Trump llegó a un acuerdo con Rubio, obteniendo su apoyo tanto en Florida como en el Senado a cambio de respaldar la política de línea dura de Rubio hacia Cuba
rump, quien en su momento calificó a Rubio como un “perdedor de poca monta” y un “político corrupto”, ahora parece decidido a complacerlo a él y a sus aliados cubanoamericanos.
Cuando un periodista preguntó a Trump el domingo qué tipo de acuerdo buscaba con Cuba, respondió: “Uno de los grupos de los que quiero ocuparme son las personas que vinieron de Cuba y que fueron expulsadas o se marcharon bajo coacción”.